Educación Sexual

El rol de la familia en la prevención de conductas sexuales de riesgo

Uno de los retos de la sociedad española en el ámbito de la educación integral se centra en encontrar estrategias eficaces para implementar con éxito una educación afectivo-sexual efectiva. El funcionamiento familiar disfuncional, la falta de concienciación sobre la salud sexual y reproductiva y la pornografía se identifican como tres de los principales factores de las relaciones sexuales de riesgo en las etapas de la infancia y la adolescencia, con todas las problemáticas de salud que dichas prácticas llevan consigo (Panting et al., 2019). Concretamente, el abuso de sustancias, los problemas de salud mental y los conflictos entre padres e hijos se han asociado a una mayor presencia de problemas externalizados de conducta. Entre los mismos se reseñan las prácticas sexuales de riesgo (Jensen, et al., 2014).

Los padres y las madres son clave

Los padres y las madres ejercen una influencia importante en la educación afectivo sexual que reciben los menores de edad. Sus actitudes e implicación en la educación afectivo sexual, inciden sobre la capacidad de respuesta del adolescente ante los problemas emergentes en su interacción con los medios de comunicación e internet (Davis et al., 2019). Además, los medios de comunicación son potentes agentes de socialización sexual en los adolescentes y pueden contribuir a fomentar la actividad sexual temprana y/o arriesgada cuando los padres no se comunican de manera efectiva con sus hijos al respecto.PUBLICIDAD

Programas de prevención familiar

Desde el punto de vista de la prevención, los programas de prevención familiar basados en la evidencia han demostrado su eficacia en la prevención del abuso de sustancias y otros comportamientos de riesgo (Ballester et al., 2018). La implicación parental, así como el trabajo sobre las actitudes y las creencias parentales acerca de la necesidad y efectividad de educar afectivo-sexualmente a sus hijos también incide en la efectividad de estos programas. Los jóvenes cuyos padres ejercen un rol activo en la educación afectivo sexual, muestran mejores resultados en los efectos de estos programas. De hecho, la falta de implicación parental se define como uno de los principales riesgos para la eficacia de este tipo de programas (Nevot-Caldentey et al., 2019).

El juego e Internet

La utilización del juego (D’Cruz et al., 2015) o de dispositivos digitales e internet como base para las intervenciones familiares en salud sexual (Guilamo-Ramos et al., 2015), representan una oportunidad innovadora para conectar a padres y adolescentes en situación de riesgo. Sin embargo, también ponen al descubierto la necesidad de tomar en consideración algunos factores importantes como la incomodidad respecto a que los padres utilicen las tecnologías, las diferencias generacionales en el uso de las mismas y la calidad previa de las relaciones entre padres y adolescentes, etc. que pueden constituir un obstáculo en las intervenciones en línea. La combinación de diversos sistemas de aprendizaje permitiría superar estos factores.

Formación de los profesionales

Otro de los aspectos clave en el desarrollo de programas basados ​​en la evidencia es la formación del formador de las familias en contenidos afectivo-sexuales. Una de las principales barreras con las que se enfrenta el formador es el miedo a la respuesta de los padres y de los mismos adolescentes. La gestión y superación de estas barreras pasa por una amplia formación de los profesionales, tanto a nivel de conocimientos como de competencias para abordar un currículum sobre educación afectivo sexual (Barr et al., 2014).

Firma del Post:

    • Carmen Orte Socias. Catedratica en Universidad Islas Baleares IP Grupo GIFESç
    • LLuc Nevot-Caldentey. Investigadora Grupo Gifes en Universidad Islas Baleares
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