¿Y de lo nuestro qué?

En medio de tanto ruido político y mediático se va diluyendo lo esencial, lo que afecta a la vida cotidiana de la gente de este país, sus problemas con el trabajo, la vivienda, la educación, las listas de espera, la vacuna, la cola del hambre, la llegada del ingreso mínimo vital. Pero como en todo hay escalas, otros se preocupan por la brecha digital, el medio ambiente, la soledad, las vacaciones que no han podido disfrutar y algunos pierden, pasto del fuego, lo único que tienen, una chabola de cartón y plástico.  

La pandemia nos ha puesto en bandeja las múltiples caras de la desigualdad: más pobreza, más enfermedades, más carencias y menos oportunidades que afectan, siguiendo un patrón conocido, a los más vulnerables y entre ellos de manera cruel a las mujeres. Ha llegado el mundo que nos han ido tejiendo a lo largo de los años: el consumo desaforado, la prisa, la inmediatez, el usar y tirar, la esclavitud y la tiranía del aquí y ahora, la reflexión reducida a un tuit.

Política y políticos

La política y los políticos, reflejo de la sociedad, no escapan a este plató: el ataque personal frente a la argumentación, el griterío y la bronca frente a la mesura. Van sobrados de insultos y faltos de ideas, con el agravante de sacar a pasear sin disimulo su incoherencia, su falta de escrúpulos y la banalización de la política y todo ello resumido en los últimos acontecimientos: la supuesta compra de cargos públicos, el salto de un conocido diputado valenciano, por cierto, abanderado de la lucha contra la corrupción y que aterriza en su cuarto partido político. Un partido enfangado en numerosos juicios por corrupción, y todo con luz, taquígrafos y gran parte de los medios entrando al trapo, a lo que vende. Poco se ha comentado, analizado y debatido sobre los más de diez mil millones en ayudas directas. Poco tiempo se ha dedicado a lo nuestro. 

Normalizar estas situaciones nos lleva al desapego y la banalización de la política, hasta el punto  de que el candidato Gabilondo se tiene que esforzar en explicar lo obvio de la política: el servicio al ciudadano, la importancia  y la necesidad del debate sosegado, el valor de las ideas y los proyectos, la ausencia de insultos, y todo para contrarrestar la etiqueta que le han colgado: blando, sin garra, serio, no se entera, triste, soso, no insulta, no ataca…y de ahí a concluir que es un mal candidato, medio verso. Y mientras ellos y ellas representan su obra de teatro, la ciudadanía, que les paga religiosamente todos los meses, continuamos esperando frente al televisor que nos dirijan la mirada, que nos hablen y nos cuenten qué hay de lo nuestro. 

Un cheque esperanzador

El lúcido análisis de Étienne de la Boétie (1530-1563) El discurso de la servidumbre voluntaria nos muestra lo poco que hemos aprendido en los últimos quinientos años, “…a este tirano único no se necesita combatirlo ni abatirlo. Él mismo quedará derrotado desde el momento en que la gente no consienta en servirle. Se trata, no de quitarle nada, sino de no darle nada. Lo que tiene más que vosotros son los medios   que le dais para que os anule…Y como cuenta Mitrítades, terminamos habituándonos a tragar el veneno de la servidumbre sin encontrarlo amargo.”  

Nuestros votos son ese cheque esperanzador que entregamos a los futuros gobernantes. Ahora ha quedado al descubierto la parte oculta del iceberg: la fragilidad de nuestro Estado del bienestar, la desigualdad desbocada y también quiénes trabajan para mejorar nuestra situación y quiénes andan a sus cosas ignorando el cheque que llevan en el bolsillo. 

No dejemos que nuestro voto se pierda, abandonemos el camino de esta servidumbre voluntaria y cuando vayamos en el metro, contemplemos las colas del hambre o esperamos la bolsa de comida, en las colas del centro de salud o en esa habitación compartida, pensemos a quien le daremos ese cheque. No nos dejemos seducir, necesitamos creer que es nuestra arma más poderosa, la que conseguirá que mañana hablen de lo suyo, de lo mío, de lo nuestro. 

Firma del Post:

Isabel González. Médica radióloga. Fue jefa de servicio y profesora asociada de radiología en la Universidad Miguel Hernández de Elche así como Directora Gral. de la Alta Inspección y gerente de los departamentos de salud de San Juan de Alicante y La Ribera (Alzira)

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