Las próximas olas

No sé si la cuarta ola será la de la británica, la de la salud mental o la de la obesidad. Miro al mar y no veo que este tenga problemas en ofrecer todas las olas posibles, sin conflicto alguno. Al final todas llegan a la playa y todas te mojan los pies si no te cuidas.

Llevamos un año contemplando cómo el Sistema Nacional de Salud hace frente a su mayor reto desde su creación. Un reto que le llegaba cuando ya presentaba signos de agotamiento fundacional, falta de fuerza, de agilidad y de recursos. Hoy es el Día mundial de la salud. Pocos años hemos tenido la salud tan presente como este, demasiado.

Con los años se ha quedado tan cerca del agua que todas las olas lo baten como si de una tormenta permanente se tratara. Casi todos los actores involucrados; profesionales, usuarios y responsables, éramos conscientes de que requería un impulso o reenfoque antes de todo esto pasara para garantizar que siguiera siendo una herramienta social valorada como fundamental por la sociedad española.  Esa misma sociedad apoya mayoritariamente el modelo de provisión pública, mejorable, pero también mejor que las alternativas privatizadoras experimentadas en estos años. Experimentos que se justificaron en argumentos económicos, cuando el sistema nacional de salud tiene unos costes contenidos, y su reto tiene más relación con seguir haciendo cosas valiosas para la ciudadanía que en hacerlas baratas.

Superado, casi, este espejismo economicista, para no perder el tren del liderazgo social en la próxima década debemos enfrentar reformas que vuelvan a poner al SNS por delante de cualquier otra oferta. Y eso supone hacer más, hacer mejor. Eso significa invertir más, sin más.

Algunas de las áreas en las que no podemos permitirnos no invertir son: la salud mental, la salud dental y la salud global.

La salud mental

La salud mental se ha aupado a la agenda social y mediática en estas últimas semanas. Celebrities y redes sociales han mostrado lo evidente, que corre un mal año para el ánimo general y particular. Y eso se traduce en problemas de insomnio, ansiedad, depresión, y también de más ideación y tentativas de suicidio.  Y eso sucede en un territorio sanitario en el que la reforma que se inicia con la ley general de Sanidad de 1986, y que en 3 semanas cumple 35 años, esté incompleta. El cierre de los manicomios, públicos, no supuso el desarrollo homogéneo del modelo comunitario, extendido en el entorno europeo.

A esta visibilidad pública los colectivos profesionales han solicitado más protagonismo, al final, aumento de plantillas en el Sistema Nacional de Salud. Tienen razón, pero no solo es eso. No solo hace falta aumentar la plantilla para hacer mejor y más rápido lo que ya se oferta del sistema, debemos hacer más cosas.

Eso supone más psicólogos y enfermeras especialistas en salud mental, trabajadores sociales, equipos asertivos comunitarios, pero sin duda más atención primaria y más atención en la comunidad, más prevención, desprescripción de psicofármacos y muchos programas que permitan a todos estos profesionales avanzar y no solo sobrevivir a base de recetar pastillas, fundamentales, pero insuficientes. Más inclusión laboral y disfrute de derechos en igualdad a los que tienen trastornos graves.

La salud dental

No se queden con lo estético, no va de eso, va de prevención, de atención a los múltiples problemas relacionados con la salud bucodental. Hace años que tenemos este asunto parado y en manos de un mercado que raro es el año que no nos sorprende con la caída de un grupo y miles de pacientes abandonados a su suerte con las bocas a medio arreglar.

Avanzar en la oferta en salud bucodental puede parecer costoso, pero en nuestro estado de bienestar no podemos contemplar que un mercado caníbal mantenga a las familias con menos recursos pendientes de créditos bancarios para poder masticar sin dolor.

La salud global

Y es que este aumento necesario de la oferta no funciona como si añadiéramos nombres al catálogo de la aseguradora. No se trata de añadir profesionales a una lista. Es necesaria una coordinación, una visión global y un trabajo en equipo, para no perderse en este complejo mapa de la salud. Es necesario que la prevención y la promoción de los hábitos saludables, sea parte del día a día de los profesionales sanitarios, y de todas las administraciones, empresas e instituciones.

No se trata de poner un filtro que impida la barra libre de médicos especialistas siguiendo un modelo de lineal de supermercado como el que ofertan las aseguradoras, sino de evitar que la propia acción sanitaria tenga efectos perjudiciales al sumarse sin orden y concierto, sin tener en cuenta que no somos una suma de órganos que enferman.

Ese es el equipo de atención primaria, en que tienen que incluirse los profesionales de la salud mental y comunitaria, de la salud bucodental, de la farmacia, de la fisioterapia y de la nutrición, los trabajadores sociales y podólogos.

Si, hace falta ampliar los equipos, hay que invertir en esto. Más oferta, más equipo.

Tenemos que reforzar el castillo, que no es de arena, pero que requiere crecer y fortalecerse para no deshacerse poco a poco, al batir de las olas.

Firma del Post:

Rafael Sotoca. Médico de familia y activista sanitario. Fue director general de asistencia sanitaria de la Comunidad Valenciana.

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