Sin odio, con orgullo: 28 de Junio

La pandemia de la covid-19 ha generado una crisis sanitaria, y también económica y social. En ese contexto, los discursos discriminatorios y de odio se han hecho fuertes y ya han empezado a materializarse los primeros retrocesos.

«Ustedes no dan sus razones, sino que se limitan a excusarse detrás de otros, como es habitual. Pero basta de excusas o de rodeos, llamemos a las cosas por su nombre; llamemos a cada cosa por su nombre, no utilicemos eufemismos. A querer mantener la discriminación por motivos de orientación sexual se llama homofobia; a querer dar un trato de inferioridad a unos individuos o colectividad se llama discriminación; cuando se quiere que solo unos y no todos los ciudadanos disfruten de ventajas que sean especiales o exclusivas, como el derecho al matrimonio, este deja de ser un derecho y se llama privilegio, y a fingir o aparentar lo que no es o lo que no se siente, a decir una cosa y hacer otra, se llama hipocresía». 

Estas palabras son de hace más de 15 años y las pronuncié en la tribuna del Congreso de los Diputados cuando defendí la ley del matrimonio igualitario en España. Y tanto tiempo después las recuerdo para enumerar nuevamente los conceptos de homofobia y transfobia, discriminación versus privilegios, e hipocresía. Entonces no lo dije, pero todos estos conceptos y algunos más que hoy se siguen practicando, pertenecen a un discurso de odio. En 2005 aún no se había viralizado el término «ideología de género» que obedece a la filosofía patriarcal, machista, y homo y tránsfoba de ataque a la igualdad y convivencia. Un término que a los homófobos y trasfobos, a los intolerantes, les sirve para simplificar el discurso de odio contra las mujeres y el colectivo LGTBI.

Tiempo de desterrar el discurso del odio

Hoy, 28 de junio de 2021, es un día para combatir y desterrar el discurso de odio y discriminación de quienes aún hoy sostienen que las personas homosexuales y transexuales no tienen los mismos derechos de ciudadanía por su orientación sexual y de género. Digamos alto y claro desde una ética de convivencia plural y diversa que el odio, la violencia, la intolerancia, la discriminación y la desigualdad no tienen cabida en nuestra democracia. Seguramente esto también tiene un efecto sanador y de reparación hacia tantas personas que han sido obligadas a vivir con vergüenza y ocultas durante siglos por salirse de las normas establecidas por el patriarcado.

Los valores del respeto y la diversidad deben impregnar todas y cada una de las políticas de las instituciones, porque salir de la crisis de la covid-19 «sin dejar a nadie atrás» también es preservar los avances conquistados en materia de derechos civiles y libertades públicas, y seguir avanzando en los derechos de las personas LGTBI. 

Además, los valores del respeto y la diversidad deben ser aprendidos y defendidos desde la infancia. Es un buen día para explicar a los más pequeños con orgullo y mimo el significado de la bandera arcoíris.  Podemos celebrar con ellos los fundamentos constitucionales sobre los que se asienta nuestra convivencia de plena igualdad, dignidad humana y el libre desarrollo de la personalidad. Da igual la orientación sexual que tengamos, da igual a quién amemos, da igual cómo sea nuestra familia, enseñarles con orgullo la diversidad y la convivencia como fortaleza de nuestra sociedad democrática, estoy convencida que les hará mejores personas y más felices. Ese puede ser nuestro compromiso, individual y colectivo, con el respeto, la diversidad sexual, de género y en las familias, desde una mirada en favor de las libertades y los derechos humanos. 

Tiempo para el orgullo

En estas líneas quiero reivindicar que es tiempo para el orgullo, no para el discurso de odio. No puedo dejar de sentir un genuino, profundo y democrático orgullo ciudadano por vivir en uno de los países más avanzados en el reconocimiento de derechos y libertades, porque España, en la historia de su joven democracia, ha estado en la vanguardia en la conquista de derechos civiles y libertades.  Y en una generación ha pasado de tener una «ley de vagos y maleantes» que perseguía a las personas homosexuales per se, a reconocer el derecho al matrimonio igualitario y aprobar la ley de identidad de género, de forma pionera a nivel mundial.

En 2021 seguimos trabajando en mejorar y ampliar las leyes de igualdad y no discriminación y continuamos liderando esfuerzos internacionales e impulsando en diferentes foros multilaterales numerosas acciones en defensa de los derechos de las personas LGTBI; porque la no discriminación por razón de orientación sexual e identidad de género es una prioridad en la política exterior de defensa de los derechos humanos. 

Con orgullo, rechazando el discurso de odio y la discriminación, digamos al mundo un año más que el nuestro es un país abierto y respetuoso con la diversidad sexual y de género, con la diversidad de las familias y la protección de la infancia, y reafirmemos nuestro compromiso con la garantía de los derechos del colectivo LGTBI, dentro y fuera de nuestras fronteras. 

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