Hepatitis: el problema sigue muy presente

En  Medicina son pocas las ocasiones en que una generación tiene la oportunidad, en pocos años , de identificar el agente de una enfermedad, de desarrollar técnicas diagnósticas, y de encontrar un tratamiento efectivo que lleve a su cura y su posible de eliminación. Pero este es el caso de la hepatitis C.

La Organización Mundial de la Salud ha instituido el 28 de julio como el día mundial contra las hepatitis. Esta fecha conmemora el nacimiento del Dr. Baruch Blumberg, premio Nobel y descubridor del VHB cuando estudiaba el polimorfismo de las proteínas en aborígenes australianos .

En España los casos de hepatitis A y E son muy ocasionales, y prácticamente toda la población española por debajo de los 40 años esta vacunada frente a la hepatitis B, lo que evita su infección. En cuanto a la hepatitis C, con el Plan Nacional del 2015 se generalizó el tratamiento de  alta  eficacia  a cualquier paciente, lo que redundó en un descenso de la mortalidad y de la necesidad de trasplantes. En nuestro entorno el problema se plantea en pacientes que portan la infección pero lo desconocen. El ministerio ha aprobado un plan de cribado para detectar estos casos, pero es más que probable la necesidad, (y así lo defienden las sociedades científicas) ,de aumentar los cribados en una franja de la población entre los 46 y los 65 años de edad, ya que es ahí donde aparece una mayor incidencia de infección oculta. España  se  encuentra  en  el grupo de  vanguardia de  países  encaminados a conseguir la eliminación de la hepatitis C en el horizonte del 2025, aunque las previsiones a  nivel global no son tan esperanzadoras.

Impacto mundial de las hepatitis

La  carga  de las hepatitis para la salud pública mundial es abrumadora .Se estima que ocasionan anualmente  la muerte de 1,4 millones de personas ,mortalidad comparable con la del VIH y la tuberculosis. De esas muertes, aproximadamente el 47 % son atribuibles al virus de la hepatitis B, el 48 % al virus de la hepatitis C y el resto a los de la hepatitis A y  E.

La OMS, en su Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, postula que  deben emprenderse  acciones para  la reducción en un  90% de las infecciones y un  65% de la mortalidad .Traducido a cifras consistiría en rebajar las  infecciones de   los seis a diez millones actuales a menos de un millón, y los 1,4 millones de muertes a menos de 500 000.

Vacunación frente a las hepatitis

Solo existen vacunas para prevenir la hepatitis A y B  yen la inmunización a nivel mundial se estaban realizando  progresos  apreciables antes de  la pandemia de la covid: la vacunación de la hepatitis B a los lactantes  se había introducido  en 189 países , pero  aunque cobertura mundial  de  la vacuna  de la hepatitis B es del 43%, su aplicación es  muy dispar. Va desde el 84% en la Región del Pacífico Occidental, a tan solo del 6% en la Región de África. En esa  misma fecha solo 34 países incluían la vacuna contra la hepatitis A de forma sistemática en niños de determinados grupos de riesgo. No existe, por el momento, vacuna frente a la hepatitis C.

Medidas de  prevención

Los países deben hacer esfuerzos para garantizar el acceso a alimentos y agua salubres   y disponer de sistemas  de saneamiento seguros . Con estas medidas es posible reducir drásticamente la transmisión de las hepatitis víricas A y E, pero la    realidad  indica que unos 748 millones de personas carecen de acceso a una fuente adecuada de agua potable, y que 2.500 millones de personas no cuentan con instalaciones básicas de saneamiento. Para la prevención de las hepatitis B y C,  a pesar de las  limitaciones  de  recursos sanitarios y de otra  índole que tienen  los países  más  afectados,  hay una  serie de  acciones  que se deben acometer: mejorar  la seguridad  de las transfusiones de productos sanguíneos  utilizando cribado previo de los mismos para estos y otros virus;  prevenir la transmisión  por  instrumentos sanitarios no  estériles… Otro de los objetivos es impedir la transmisión de las hepatitis víricas de madre a hijo , que en el  caso de la  hepatitis B en zonas altamente endémicas es la vía principal. Implantar servicios de  reducción de daños  para los consumidores  de drogas y  promover las relaciones sexuales seguras con el uso del preservativo serían medidas que producirían  un descenso en el número de  hepatitis agudas .

Tratamiento de las hepatitis crónicas

Se dispone de tratamientos antivirales eficaces para el tratamiento de las  hepatitis B   y C  .En el caso de la B, en este momento, la terapia consigue eliminar la replicación del virus , aunque el tratamiento ha de ser continuo. En el caso de la hepatitis C los fármacos específicos actuales consiguen curar la infección en el plazo de unas pocas semanas, con eficacia superior al 95%.

Para el 2030, la OMS pretende que la cobertura del tratamiento de las infecciones crónicas por los virus de la hepatitis B y  C debería alcanzar al 80 % de quienes cumplen las condiciones para recibir tratamiento. Sin embargo se parte de una base en la que menos del 1 % de las personas con hepatitis crónica recibían tratamiento. El gran problema es el acceso a los fármacos y su elevado coste, por lo que se hace necesario contar con estrategias integrales de reducción de precios para los medicamentos y medios de diagnóstico.  Entre las estrategias a aplicar se  encuentran el fomento de la competencia de los genéricos mediante el otorgamiento de licencias voluntarias así como las licencias obligatorias y la  concesión de patentes.

Además, desde 2020, la pandemia de COVID-19 amenaza con descarrilar el progreso hacia el cumplimiento de los objetivos de la los OMS, al tiempo que subraya las desigualdades existentes en salud. Muchos  programas referidos a la prevención de  las hepatitis  y otras patologías  han quedado  reducidos, si no abandonados , al tener  que derivar todos  los recursos  a la lucha contra la pandemia.

Más allá de las campañas

Los países de bajos recursos  son los más vulnerables y presentan las mayores tasas de infección y de mortalidad por hepatitis y por otras enfermedades relacionadas con la pobreza. Estas últimas  solo se investigan cuando  producen o  pueden suponer un riesgo a los países de altos recursos. La ecuación es simple desde un punto de vista capitalista: ¿para qué invertir en la lucha contra estos males si los países donde  son endémicos no pueden adquirir  los beneficios de la investigación porque no tienen recursos? En una palabra: no son económicamente rentables .Tenemos ejemplos como el Ébola, contra el que solo se desarrollaron tratamientos y hasta vacunas cuando afectó a los países pudientes, o como la enfermedad de Chagas, para la que se siguen utilizando los mismos tratamientos desde hace décadas.

La lucha contra las pandemias a nivel mundial debe trascender más allá de campañas  destinadas a paliar situaciones de impacto social o de emergencia. Las  estrategias deberán ir encaminadas a fortalecer los sistemas de salud y la formación de profesionales en sus propios países. La OMS y los ciudadanos de los estados que la componen  deberíamos preguntarnos quién debe ser el propietario de las vacunas y los tratamientos cuya utilización pueden evitar la muerte de millones de personas en nuestra llamada aldea global. ¿Dónde hay que situar el margen de beneficio de los resultados de la investigación?, ¿deben los países de recursos limitados esperar a que se inicien campañas  debidas a mecenazgos o a acciones caritativas?, ¿interesa liberalizar las patentes ante situaciones como la que se está viviendo en estos momentos?

En el fondo se trata de cumplir unos principios básicos de  salud , amparados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

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