El ozono no es compasivo

En la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital de la Plana en Castellón, un juzgado ha autorizado el uso de ozono para el tratamiento de un paciente con diagnóstico de COVID en situación grave. La juez se pronuncia a favor de la familia en su petición de uso de este producto no autorizado para este uso por ninguna autoridad reguladora y en contra del criterio de los facultativos del centro y de toda la comunidad científica. El auto dispone que sea personal externo al hospital quien lo haga. La juez invoca el procedimiento conocido como «uso compasivo del producto» para justificar la decisión.

La familia

En lo primero que pienso es en la familia. La desesperación ante la enfermedad devastadora que hace que dudemos de todo, que nos aferremos a cualquier cosa. 

Siempre ha sido así, siempre han existido Lourdes, Fátimas y milagreros que han vendido esperanza, a buen precio, donde probablemente no había nada más que dolor.

Antes eran reliquias, trozos de santos, ahora son acciones disfrazadas de ciencia, acogidas a la ensoñación de que el progreso todo lo puede y que la tecnología es capaz de cualquier salvación, sin límites. La medicina vende omnipotencia irreal basada en los mismos principios científicos que sustentan la prudencia con la que avanzamos. No poco hemos aportado los propios médicos a esa ensoñación que tanto poder nos da.

Los profesionales

Si no se puede reprochar a la familia tampoco a los profesionales del centro que se niegan a engañarla aceptando una solución que no lo es, aceptando que la compasión incluye mentir a los pacientes a través del uso de remedios sin ciencia, sin aval, basados en creencias, suposiciones o simples intereses. 

Durante esta pandemia los profesionales de todos los servicios sanitarios, de unidades de cuidados intensivos incluidos, han buscado, siguen buscando, nuevas moléculas o viejos medicamentos que pudieran tener resultados ante el desastre que han estado viviendo. 

Se hacen cada día nuevos ensayos clínicos en los que se investigan los resultados positivos y negativos de los medicamentos que pueden producir beneficio, o esperando que el beneficio sea mayor que los problemas que producirá. 

La ciencia y sus obreros nos ha dejado pasmados con la velocidad a la que ha desarrollado y producido vacunas que están disminuyendo la mortalidad por el Sars-cov-2. Un sueño hace solo 8 meses. 

El ozono

El ozono es un producto que se usa principalmente como biocida, es decir, como desinfectante, como pudiera serlo la lejía, y en estos términos está autorizado su uso en Europa. Los ensayos, como este realizado en India en 2020, para su uso en pacientes covid no aportan evidencia que lo avale. El ozono está a día de hoy explícitamente prohibido para su uso directo sobre personas por sus riesgos conocidos. Para entendernos, a nadie se le ocurriría beber lejía para desinfectarse el estómago, a no ser que seas expresidente norteamericano. 

El uso compasivo

Imagina que hay un medicamento que está en fase de investigación, es decir, que se están haciendo ensayos clínicos con él y que los resultados que se van obteniendo son positivos, que parece que funciona.

Imagina que tú padeces el problema para el que se está diseñado ese medicamento y que ya se acabaron las todas tus alternativas. En ese momento es en el que entra en juego el llamado «uso compasivo».

En esa situación tu médico, que suele estar al loro de las investigaciones e innovaciones, pues estudia más de lo que pensamos fuera de su horario laboral, es el que propone el uso del medicamento en pruebas, aunque no esté del todo completado. La autorización para este uso es compleja, pasa por el Ministerio y por la compañía responsable del medicamento en investigación. Si las cosas no salen bien, que es una posibilidad, hay que dejar muy claras las responsabilidades de cada uno en el proceso. No es un uso por compasión. Es un uso basado en una sospecha científica fundada, en resultados de investigación preliminares que hacen pensar que se puede esperar un resultado positivo para ti. 

No tiene nada que ver con el «pongamos algo, lo que sea, por compasión, dado que a peor no podemos ir». 

Tomar decisiones difíciles

Este es el día a día de los profesionales sanitarios, en una UCI o en un centro de salud. Tomar decisiones difíciles basadas en la ciencia y en el conocimiento buscando lo mejor para sus pacientes. No siempre se consigue salvar la vida, pero no creo que nadie evitara una opción, por pequeña que fuera, si tuviera la mínima garantía o prueba de que puede ser útil para curar, para aliviar o mejorar la calidad de vida de la persona bajo su responsabilidad.La resolución judicial que obliga a un equipo, a un centro, a asumir una acción sin el respaldo científico necesario genera un territorio de indefensión y enfrentamiento cuando debería hacer lo contrario. ¿Abre la puerta a que los jueces decidan los tratamientos a aplicar en caso de desacuerdo? ¿Quien será responsable de lo que le suceda al paciente? 

Justicia con ciencia, no compasión.

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