¿Colocamos al paciente en el centro del Sistema Sanitario? Esta vez, en serio

La espera acompañando a un familiar, en una consulta médica, sentada más de dos horas en un duro banco, eso sí, de diseño y sin perder de vista una pantalla que anuncia con un clic periódico letras y números de puertas de consultas dan para mucho. Si no tienes acompañante te aguantas amarrado al duro banco, la pantalla requiere toda tu atención, no puedes escaparte a por la prensa, no puedes tomarte un café, salvo que tengas una maquina al lado, y ni tan siquiera puedes ir al baño, no vaya a ser que pierdas la vez. Antes avisabas a la persona del mostrador y si eras habitual hasta recordaba tu nombre. El sistema se adueña de tu tiempo sin contemplaciones. La furia digital y tecnológica nos ha invadido, la inteligencia artificial parece la panacea, una vez más  corremos el peligro de confundir los instrumentos con la finalidad de los mismos.

Formo parte de la legión de ilusos convencidos de que la pandemia cambiaría, para mejor, nuestra Sanidad. A pesar de las carencias del sistema había indicios: el trabajo en equipo de diferentes especialidades, la capacidad de auto organización, una asistencia más humanizada, unos profesionales agotados pero satisfechos con su trabajo. La atención primaria,  urgencias y las ucis colapsadas seguían al pie del cañón, incluso con escasos medios de protección, había una única meta: atender, curar y cuidar, todos a una, dejando  a un lado las reivindicaciones y el ombliguismo.

El tiempo va pasando y la vuelta a nuestros hábitos de siempre ejerce una especie de atracción fatal: La rigidez del sistema se ha vuelto a imponer, los gestores retoman el control, los servicios retornan a sus compartimentos estancos, las listas de espera quirúrgica aumentan. La atención primaria lejos de mejorar ha empeorado, continúa siendo la gran olvidada, como los servicios de salud mental. Ha tenido que ser una pandemia la que destape las graves carencias y escasa atención prestada a estos pacientes. Las reclamaciones de los pacientes, según el último informe del Defensor del Pueblo han aumentado de forma considerable.

 Pensar que los problemas sanitarios se solucionan con más y más inversión, tal y como se reivindica desde algunos sectores, es mantenerse en aquello de cuanto más, mejor y a la vez cerrar los ojos a un modelo organizativo obsoleto con lagunas en la efectividad, la eficiencia, la seguridad y la flexibilidad tan necesarias en situaciones imprevisibles como la pandemia.

Un problema complejo nunca tiene soluciones fáciles y a veces es necesario situarse fuera del mismo para tener una perspectiva diferente. Hace un tiempo leí que Pascua Maragall, alcalde de la Barcelona Olímpica del 92, convivió durante días y en varias ocasiones con familias de diferente extracción social. Él, procedente de la burguesía catalana, tenía un gran olfato político además de habilidad y pragmatismo. Sabía que ni se aprende en cabeza ajena ni todo está en los libros y que la realidad supera con creces lo imaginable, por eso quería conocer la vida real de los ciudadanos y ciudadanas de Barcelona.

Los profesionales de la sanidad y familiares próximos raramente sabemos lo que es una lista de espera, ni conocemos la dureza de los asientos de las salas de espera, ni la incertidumbre de la espera de un diagnóstico, siempre hay una puerta por la que colarse, una compañera a quien acudir… hoy por ti, mañana por mí. Así difícilmente se calibra la incomodidad, la angustia, el miedo y la incertidumbre del que espera ni sus necesidades. Será difícil cambiar aquello que no conocemos, que no vemos, que no sentimos, cambiarlo requiere un  ejercicio racional y una buena dosis de empatía para no sucumbir a la inercia y a la respuesta típica «siempre se ha hecho así».

Al hilo de lo anterior, dentro de todas las reformas organizativas posibles del sistema hay una pendiente y que parece olvidada a pesar de no requerir más inversión que la voluntad de hacerlo: promover la participación y la autonomía del paciente, un aspecto sobre el que se ha escrito mucho y se ha practicado más bien poco.

Hacer partícipe al paciente y promover su autonomía comienza por algo tan sencillo como difícil: escuchar. Según Groopman, oncólogo y profesor en Harvard, la media de tiempo en que un  paciente es interrumpido mientras relata sus síntomas es de 18 segundos y, como  él mismo refiere, la excesiva confianza de los médicos en la tecnología nos ha alejado de la historia del paciente… y una vez que te apartas del paciente no estás siendo verdaderamente un médico. Si no sabemos escuchar la comunicación está en riesgo y sin ella es poco menos que imposible promover  la  participación del paciente, el control continúa en manos del profesional.

Otra fuente de información para conocer lo que piensa y siente el paciente son las reclamaciones y sugerencias verbales y escritas que diariamente llegan al sistema sanitario. En lugar de ser vistas como una oportunidad para mejorar y para reflexionar sobre la situación del paciente, se han convertido, en la mayoría de los casos, en un trámite incomodo al que hay que responder en tiempo y forma ; otra oportunidad perdida.

Hay muchos ejemplos de cómo un paciente informado y participativo ha mejorado la asistencia. Según Liam Donaldson, experto en seguridad, la participación del paciente mejora su salud y la del sistema, un potencial escasamente aprovechado.

La Sanidad Pública necesita suficiencia financiera e inversión, pero sobre todo necesita una transformación del actual Sistema. Hace falta liderazgo político y valentía  para cambiar la  actual estrategia sanitaria y desde el punto de vista de la gestión abordar nuevas formas innovadoras de  organización, entre ellas dar más protagonismo al ciudadano y al paciente, situarlo de una vez por todas en el centro del sistema Si no se aprovecha esta oportunidad para el cambio la inversión se perderá por los agujeros de la ineficiencia, algo que la sociedad no se puede permitir.

Síguenos y comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *