Hace apenas tres años

Hace apenas tres años comentaba con Carmen Montón y Rafael Sotoca lo atrevida y pionera que, desde mi punto de vista, había sido la campaña pública de prevención del suicidio que lanzaron cuando ocupaban los cargos de Consellera y Director General de la Conselleria de Sanidad Universal de la Comunitat Valenciana.

Para mí, ya interesado en tratar en un documental la problemática del suicidio, aquella campaña constituía una acción verdaderamente disruptiva en medio del silencio más absoluto que seguía imperando al hablar del suicidio en nuestra sociedad.

Aún recuerdo nuestras primeras conversaciones y la atmósfera de ilusión ante el sueño de poder romper uno de los últimos tabúes que siguen generando dolor e injusticia en todo el mundo. Porque el tabú del suicidio no es otra cosa que el dolor insalvable y poco reconocido de los que se marchan y la injusticia de la incomprensión sobre los que quedan.

Han pasado apenas tres años de aquellas reuniones donde dimos forma al germen de lo que hoy día, a pocas semanas de su estreno en el festival DocsValencia, es el documental «La palabra maldita».

Lo cierto es que no han sido tres años cualesquiera para nadie de nosotros. Hay un antes y un después para la humanidad dentro de esos tres años, y por supuesto no ha sido la producción de nuestro documental.

Salud mental y prevención de suicidio

Decir que la Covid-19 ha traído alguna cosa positiva es muy, muy atrevido. Es uno de esos pensamientos que a duras penas consiguen alcanzar el mundo de lo material, ya sea escrito o hablado, pues por encima de todo pesa el dolor que ha causado. Sin embargo, hoy, por primera vez en muchos años, un presidente de gobierno ha respaldado con su presencia el mensaje de concienciación sobre la importancia de la salud mental que, en estas fechas próximas al Día Mundial por la Salud Mental, se suele trasmitir desde el Ministerio de Sanidad. Y también hoy, por primera vez en muchos años, junto a la máxima responsable de ese ministerio, han hablado de medidas excepcionales para darle a esa faceta de nuestras vidas la importancia que se merece.

Las pandemias, por su propia naturaleza, nos golpean a todos de manera masiva, y en este caso nos ha mostrado además que no existen mascarillas que protejan nuestras mentes. Precisamente hace unos días los medios hablaban del estudio publicado en The Lancet que evalúa por primera vez el impacto de la pandemia sobre la salud mental en todo el mundo.

Pandemia y salud mental: más depresión y más ansiedad

Según este estudio, en 2020 se produjeron 53 millones de casos más de depresión y 76 millones adicionales de ansiedad a nivel mundial, de los que las mujeres y los jóvenes fueron las principales víctimas. ¿Puede haber sido el efecto de la pandemia el desencadenante de nuestra pérdida de pudor? ¿Nos atrevemos ahora a hablar de salud mental, a reconocer nuestras vulnerabilidades, nuestra fragilidad, por haber sido todos víctimas a un tiempo?

Como comentaba anteriormente, decir que la Covid-19 ha podido traer algo positivo es muy atrevido, pero desde hace varios meses no dejo de oír hablar sobre la importancia de la salud mental, sobre la prevención del suicidio, sobre la necesidad de implementar planes de acción, dotar de más recursos a la sanidad pública, aumentar el número de psicólogos en atención primara, formar a profesores y alumnos en detección y manejo de conductas autolesivas, romper el tabú mediante una comunicación adecuada del fenómeno suicidio…

Y nosotros estrenamos nuestro documental y soñamos con ayudar a romper el tabú.

Firma del Post:

Javier Álvarez Solís es director y productor del documental «La palabra maldita».

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